Hay agua en Iguazú… mucha, mucha!

Desde Jujuy cruzamos Argentina a lo ancho en un viaje bastante infinito en bus, en el que por suerte pude ver “GI Joe”, “Fast&furious” y “Need 4 speed” con doblaje sudamericano ( 😥 🔫). Después de que mi CI cayera a nivel “Belén Esteban” lo intenté recuperar leyendo unos libros y aun así aun no habíamos llegado!!!
Hablando de libros me ha gustado mucho “When Broccoli will taste like chocolate?” de genética, muy bien, muy bien! Gracias Vanessa! 😆
¡Pero bueno al tema! Llegamos a Puerto Iguazú, el pueblo del lado argentino de las cataratas. Un pueblín con poca cosa pero al mismo tiempo con un toque tropical que mola; las calles son de tierra roja, las casas de colorines y mucha vegetación por los jardines, no se… muy sabrosón todo!
Las cataratas, que son enormes, hacen de frontera natural entre Brasil y Argentina y hay un parque natural en cada lado para ver el opuesto de cada país. Total que al día siguiente a nuestra llegada (era sábado) fuimos al lado brasileño, ya que la vista desde ahí es mejor… y madre mía!!!! Que quedas sin palabras ¡incluso yo, que no callo ni debajo del agua!
Desde que estamos por aquí hemos visto cosas muy chulas, cosas que estaban bien, cosas que han molado… pero esto de las cataratas juega en otra liga; de las cosas más espectaculares que he visto en mi vida. Y por si fuera poco ¡temporada de lluvias! así que van hasta arriba de agua. Os pongo unas fotos por que no ser puede describir la espectacularidad, el sonido y la cantidad de agua que teníamos delante. Yo solo podía pensar en el día que Cabeza de Vaca se las encontró pre primera vez y como se que tuvo que quedar el cuerpo al hombre.

Una parte de las cataratas vista desde Brasil

Una parte de las cataratas vista desde Brasil

Vista de la garganta del Diablo, al fondo

Vista de la garganta del Diablo, al fondo

Al día siguiente (lógicamente domingo) fuimos al lado argentino con ilusiones locas, pero la cosa empeoró grandemente. Resulta que el concepto de dominguero llega al otro lado del charco con energías desmedidas y los argentinos tiene mucho que aprender de los brasileños en cuanto a organización. Llegamos y había más gente que en la guerra, bajón. Estuvimos un rato largo haciendo cola hasta que, misteriosamente, al llegar a las taquillas la fila desaparece para convertiste en un mogollón y sálvese quien pueda. Ya por fin entramos al parque, en Brasil tienen un servicio de autobuses que te lleva a los miradores, aquí había un trenecito. Después de esperar casi 1h nos subimos al tren con la intención de ir a la última parada (garganta del diablo) pero ¡oh sorpresa! Este tren solo hace un recorrido de 600m a un velocidad absurda que te adelantaría una abuela y allí hay que cambiar de tren, pero no sin antes esperar otra hora y pico, esta vez al sol. Y así una tras otra lo que empañó bastante el día. Las cataratas igual de espectaculares, pero con peores vistas, que se hacían complicadas de disfrutar por las hordas de verduleros gritando “Los que ya se hayan hecho el selfie que se muevan” y lindezas por el estilo.
Así que esto es Iguazú en el lado argentino.

Cataratas desde el lado argentino

Cataratas desde el lado argentino

Pero esto también (en este momento niveles homicidas over 9000) :-(.

El mal...

El mal…

Las hordas en versión panorámica

Las hordas en versión panorámica

En cualquier caso, un espectáculo de la naturaleza como hay pocos.

Blanca por el mundo

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